DVD IV INTI RAYMI EN LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY

DVD IV INTI RAYMI EN LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY
Una vez más, gracias a nuestros hermanos de Producciones EDUMART, de Martín Vásquez Escobar y Clarisa Codarlupo Gómez, hacemos entrega de este DVD que compila información de las actividades que hacemos en bien del conocimiento y valoración de nuestro Patrimonio Cultural y Natural los cuartos domingos de junio. Esperamos que esta celebración y representación sea una fiesta tradicional y turística que le cambie de rostro a nuestro distrito ¡AVANZA CARRIÓN!

MATRIMONIO EN LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY

MATRIMONIO EN LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY
Mi madre Rosario Escobar y Ramón Benitez se casaron en la Huaca Fortaleza de Campoy el sábado 11 de febrero del 2012.

INTI RAYMI EN CAMPOY 2011

INTI RAYMI EN CAMPOY 2011
Este domingo 26 de junio, de 10:00 a.m. a 2:00 p.m. celebramos y representamos el IV INTI RAYMI EN LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY, nos visitaron para compartir un reencuentro con nuestra sabiduría milenaria. Observamos el encuentro del Inca Túpac Yupanqui con el Hatun Curaca de Ruricancho, en medio de cánticos, ofrendas y danzas de las diferentes regiones del Tahuantinsuyu. El ingreso fue totalmente libre. Gracias a todos los visitantes, los esperamos el próximo año en un nuevo INTI RAYMI.

AFICHE DE LAS CAMINATAS HISTÓRICO - ECOLÓGICAS

AFICHE DE LAS CAMINATAS HISTÓRICO - ECOLÓGICAS
LAS CAMINATAS LAS HACEMOS CON EL GRUPO DE DEFENSORES DEL PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL Y GUÍAS ESCOLARES DE TURISMO "KUSI SONQO" - CORAZÓN ALEGRE, PARTIMOS DE LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY, SEGUIMOS POR EL CAMINO PRE INCA DE CERRO EL CHIVO EN CAMPOY Y LLEGAMOS A LA HUACA TEMPLO NUEVO DE MANGOMARCA, PARA DESPUÉS RETOMAR EL ANTIGUO CAMINO Y LLEGAR A LAS LOMAS DE MANGOMARCA. ES UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE. ESTÁN TODOS INVITADOS A CONOCER EL PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL DE SAN JUAN DE LURIGANCHO.

VISITA DE SUSANA VILLARÁN

VISITA DE SUSANA VILLARÁN
ESTE BLOG ES INDEPENDIENTE Y MARCA SUS DISTANCIAS CON CUALQUIER PARTIDO O AGRUPACIÓN POLÍTICA. PARA NO DESVIARNOS DE NUESTRO CAMINO DE CONOCIMIENTO Y VALORACIÓN DE NUESTRO PATRIMONIO CULTURAL. PERO SÍ ES NECESARIO SER AGRADECIDOS CON QUIENES NOS TENDIERON UNA MANO DÁNDONOS ALIENTO EN ESTA GRAN CAUSA EDUCATIVA EN LA QUE NOS ENCONTRAMOS, YA QUE NO ES FÁCIL LO QUE VENIMOS HACIENDO Y PARA NOSOTROS ES GRATIFICANTE HABER RECIBIDO LA VISITA DE NUESTRA ALCALDESA DE LIMA, INTERESADA EN TRABAJAR POR LA DEFENSA DE NUESTRO PATRIMONIO CULTURAL, COSA QUE HASTA EL MOMENTO NO HAN HECHO LAS AUTORIDADES LOCALES, REGIONALES Y NACIONALES INVOLUCRADAS EN LA EDUCACIÓN, CULTURA Y EL DESARROLLO HUMANO. POR ESTE MOTIVO NOS SOLIDARIZAMOS CON NUESTRA ALCALDESA Y RECHAZAMOS LOS INTENTOS DE PONER TRABAS EN SU GESTIÓN, ECHÁNDOLE BARRO Y PIEDRAS EN SU CAMINO. ¡FUERZA SUSANA!

PROYECTO LOMAS

PROYECTO LOMAS
Saludamos y felicitamos el compromiso que han asumido quienes vienen trabajando por asentar las raíces de nuestra identidad cultural en nuestros niños y adolescentes luriganchinos, mediante este proyecto que nace de la necesidad de conocer y proteger nuestro patrimonio cultural y natural. ¡TODOS A COLABORAR!

sábado, 15 de enero de 2011

LIMA PREHISPÁNICA. CAPÍTULO II

Reconstrucción hipotética de un pueblo lineal del horizonte temprano.


Vivienda de la clase superficiales


Reconstrucción hipotética de una aldea temprana.



Viviendas subterráneas de la Tablada de Lurín

Reconstrucción hipotética del recinto cuadrangular de Cerro Paloma (arriba) y dos posibles tipos de techados (abajo)



Reconstrucción hipotética de una aldea con el edificio comunal a cierta distancia, de Período Arcaico.

Reconstrucción hipotética de una aldea temprana.


Reconstrucción hipotética de una aldea de horizonte temprano
Reconstrucción hipotética del túmulo o adoratorio de Pampa de los Perros

Reconstrucción hipotética del templo de la Media Luna



Reconstrucción hipotética de un centro ceremonial del Período Incaico

II.3 Los Primeros Sedentarios
Hacia el año 5,000 a.c. la sedentarización de los habitantes de la región central andina era prácticamente un hecho. El desarrollo de la horticultura y del pastoreo en la sierra y la explotación de los recursos marítimos en la Costa, determinaron que los campamentos estacionarios se convirtieran en poblaciones definitivas y permanentes.
En la Costa Central el desplazamiento hacia el norte de la Corriente Peruana y del clima cálido y húmedo que caracterizaba a la zona, determinaron el desecamiento del sector continental y, por tanto, el empobrecimiento de las lomas y de los valles, pero también produjo un extraordinario aumento de la biomasa marina.
Este fenómeno se exteriorizó por la aparición de la anchoveta la existencia de bancos de choros y almejas y, consecuentemente, por la multiplicación de los lobos marinos y aves costeras. En otras palabras, a partir de esa fecha los habitantes de la costa central contaron con la presencia de recursos permanentes y uniformemente repartidos a lo largo de todo el litoral central.
La existencia en toda la costa de extensos conchales es decir de depósitos de valvas de los moluscos consumidos por los costeños de la época, dicen bien claro de la gran riqueza de este recurso y del uso intensivo que se hacia del mismo. Estos basurales arqueológicos, que llegan a tener más de dos kilómetros de largo, varios centenares de metros de ancho y hasta metro y medio de alto, se encuentran a poca distancia del mar y están regularmente esparcidos desde Ancón hasta San Bartolo. Es decir, jalonan toda la ribera marítima de la Comarca de Lima, indicando, sin lugar a dudas, que en sus inmediaciones existieron poblaciones que se dedicaban fundamentalmente, a la recolección de mariscos.
La riqueza y permanencia de los recursos marítimos determine la sedentarización definitiva de los antiguos seminómadas y su establecimiento en pequeñas aldeas permanentes que se distribuyeron regularmente, a distancias casi constantes, por todo el litoral de la comarca. Dichas aldeas no se diferenciaban mucho de los campamentos estacionarios que las habían antecedido y las pocas viviendas que las conformaban se alineaban o agrupaban en semicírculos o círculos, a corta distancia del mar, y preferentemente a ambos lados de la desembocadura de los ríos. La población de esas aldeas tempranas no pasaba de 50 a 100 personas, cuya economía, básicamente de índole marítima, se complementaba con el cultivo de las huertas y la explotación de las lomas cercanas.
El arquitecto Carlos Williams (1981), sostiene que tal tipo de economía demandaba una baja densidad poblacional que no podía exceder de 0.5 habitantes por kilómetro cuadrado y que, por tanto, un asentamiento promedio significaba un dominio territorial de no menos de 50 Km. cuadrados, que comprendía una faja de playa y su correspondiente extensión continental hasta alcanzar la zona de lomas. Tal hecho explica la sorprendente regularidad existente en la ubicación geográfica de las aldeas tempranas, puesto que el régimen imperante de explotación del medio obligaba a una división territorial en áreas semejantes o parecidas.
Restos de dichas aldeas se encontraban hasta hace poco en los alrededores de las desembocaduras de los ríos Chillón, Rímac y Lurín, los que infortunadamente han desaparecido por el desarrollo urbano y/o industrial que se ha llevado a cabo en dichas zonas. En Punta Márquez, en la margen izquierda del Chillón, encima de las estribaciones más cercanas al mar, quedan los restos de rústicas construcciones de piedra sin labrar, que, al parecer, conformaron las viviendas de una aldea temprana. Igualmente, en la playa Chira-Villa, en el lado sur-este de Punta Chira, existen vestigios de un asentamiento parecido al del Chillón y, finalmente, en los arenales de Lurín se hallan numerosos conchales, que, como ya se ha indicado, denuncian la anterior presencia de asentamientos tempranos.
En los años siguientes la sedentarización permitió la existencia y aprovechamiento de los "ocios" de los pobladores, lo que determinó un importante desarrollo tecnológico, un notable incremento de los conocimientos y un perfeccionamiento de la organización social de las comunidades aldeanas. Todo ello significó una mejora en las condiciones de vida y, consecuentemente, un notable aumento demográfico que tuvo su correlato inmediato en la proliferación de los asentamientos poblacionales. El aumento del número de habitantes de las aldeas y la existencia de la relación hombre-tierra a la que hemos hecho referencia, obligó a la población excedente a fundar nuevos asentamientos de características similares a los originales y a intercalarlos convenientemente entre las aldeas pre-existentes.
Las nuevas técnicas y mejores instrumentos utilizados en la explotación de los recursos naturales, tales como la utilización de redes en la pesca, el uso de abonos en los cultivos, la domesticación de un mayor numero de plantas y la práctica de tareas comunitarias, permitió el incremento de la producción de alimentos y por ende la mejora del coeficiente hombre/tierra. Esta situación posibilitó que las aldeas pudieran ubicarse más cercanamente y que se multiplicaran tanto en número como en población.
Primeramente, las nuevas aldeas se situaron a lo largo del litoral, disminuyendo al mínimo la distancia entre ellas, y luego bordearon las márgenes de los valles, hasta ascender por las estribaciones andinas. Alrededor del 4000 a.c. todo el litoral comarcano estaba poblado de asentamientos que se ubicaban a distancias de 7 Km. a 10 Km. el uno del otro y cuyos habitantes fluctuaban entre las 10 y 20 familias. Williams propone una lista de aldeas tempranas situadas en la ribera marítima comarcana, cuya relación reproducimos en términos generales.
Los sitios de asentamientos fueron los siguientes: Ancón, Ventanilla, Punta Márquez, Bocanegra, La Perla, Magdalena, Bajada de Baños, Chorrillos, Chira-Villa, Tablada de Lurín, Pachacámac, Playa Arica, Punta Roca y Curayacu.
Las primeras aldeas tempranas estaban constituidas por un grupo de viviendas que se agrupaban de acuerdo al patrón de asentamiento al que hemos hecho referencia, sin que existieran estructuras que expresaran la existencia de funciones distintas a las habitacionales.
Las casas eran construcciones rústicas, generalmente de un solo cuarto, complementadas por instalaciones destinadas a desecar, hornear o almacenar los productos alimenticios.
Tipológicamente las viviendas eran básicamente de tres clases:
Superficiales: de planta circular de dos metros de diámetro, ligeramente excavadas en el terreno y de forma cónica. La armazón era de huesos de ballena o de caña brava unidos con carrizos y estaba cubierta con haces de juncos, totora o gramalote, atados a la estructura y dispuestos de manera de dejar un pequeño vano de ingreso en uno de los lados de la choza.
Semienterradas: de planta circular o cuadrangular, de tres o cuatro metros cuadrados de área, enterradas hasta un metro de profundidad, con bajas paredes de piedras rústicas asentadas con barro o algas y yuyos marinos chancados. La cobertura era horizontal o inclinada y estaba constituida por hueso, cañas y esteras. El ingreso se producía por un vano lateral y mediante un corto juego de peldaños.
Subterráneas: de planta ovalada o cuadrangular, de área similar a las citadas, excavadas totalmente en el terreno hasta profundidades de 1.8 metros. Los muros de contención eran de piedra sin labrar, a veces rústicamente embarrados y la techumbre era de losas de piedra que formaban una falsa bóveda y dejaban al centro un espacio abierto, susceptible de cerrarse, para ingresar al interior.
El primer tipo debe haberse dado en toda la ribera marítima; en Chilca se han encontrado los restos de una aldea de la época con viviendas similares a las descritas. El Segundo caso es típico de las aldeas erigidas en las estribaciones de los cerros; las viviendas de Punta Márquez en el Chillón o de Carapongo en la margen derecha del Rímac, son ejemplos de este tipo de construcción. El tercer modelo de vivienda se encuentra en terrenos sensiblemente planos ubicados en zonas continentales; en las aldeas situadas en la Tablada de Lurín se tienen los arquetipos de estas unidades habitacionales.
Hacia fines del cuarto milenio a.c., se produce un cambio importante en el patrón de asentamiento de las aldeas tempranas. Aparecen construcciones de función no habitacional, aparentemente destinadas al servicio de necesidades comunales, que se supone anteriores a la construcción de los más viejos templos. La presencia de estos edificios debió ser resultado de la mayor complejidad alcanzada por la vida de la comunidad y de la necesidad de que esta se reuniera para tomar decisiones colectivas o coordinar la realización de obras comunitarias. En todo caso, la existencia de estos locales públicos significó el inicio de la transición de un planeamiento urbano sin diferenciación funcional, al de un urbanismo en el cual el área destinada a la satisfacción de las funciones públicas, administrativas o de culto, se diferenciaba de las áreas dedicadas a fines habitacionales.
CERRO PALOMA
El ejemplo más antiguo de una construcción destinada al servicio de la comunidad, es decir de un edificio público, lo tenemos en una pequeña aldea situada en Cerro Paloma, prácticamente en las inmediaciones de San Bartolo, o sea al extremo sur de la Comarca Limeña.
En el año 4,334 a.c. los integrantes de una pequeña comunidad, de apenas 15 familias, que vivían en rústicas chozas circulares y subsistían de la explotación de los recursos marinos y de los frutos de la horticultura, construyeron el primer edificio comunal del continente y uno de los ejemplos de arquitectura pública más viejos del mundo.
En dicha aldea, a cierta distancia de la zona ocupada por las viviendas, se encuentra un recinto cuadrangular, de aproximadamente 12 metros de lado, excavado en el suelo y estructurado por muros de piedra rojiza que sobresalen del terreno alrededor de 0.30 metros. Se accede al recinto, cuyo piso tiene un desnivel de 1 metro con el de la superficie exterior, mediante dos cortes escaleras, ubicadas en lados opuestos del cuadrado y siguiendo la alineación de uno de los ejes del mismo. Según el Dr. Federico Engel, descubridor de este resto arqueológico así como de muchos otros asentamientos tempranos de la Costa Central, al recinto debió estar techado, posiblemente con esteras soportadas por una estructura de postes y vigas de madera o carrizo y destinado a albergar reuniones comunales, a la manera de una "quihua" o recinto colectivo usado por los indios del sur-oeste de los Estados Unidos. Para otros estudiosos se trata más bien de un templo primitivo o de un patio ceremonial; en todo caso nos encontramos ante el primer ejemplo de arquitectura no doméstica existente en el Perú y también entre uno de los más antiguos casos de construcción por esfuerzo corporativo.
Como ya se ha indicado, en este período la presión demográfica existente, la intensificación de la interacción social entre los cada vez más numerosos y cercanos asentamientos humanos, y las exigencias de una economía basada en nuevas formas de trabajo y de producción, dieron lugar a que las comunidades aldeanas adoptaran ciertas formas de organización que significaron la existencia de una autoridad capaz de tomar decisiones para efectuar obras y acciones de interés colectivo. No se conoce cuál fue la forma que adoptó ese primer gobierno aldeano, pero lo más probable es que se tratara de consejos comunales en los que habría existido una fuerte influencia sacerdotal, a juzgar por las numerosas obras Cooperativas o comunitarias destinadas al culto.
En efecto, como una característica de la época, además de los andenes, terrazas y bancales de propósitos utilitarios y de los edificios de carácter comunal, como el de Cerro Paloma, se encuentran en toda la Costa Central muchísimos montículos y plataformas destinadas, sin lugar a dudas, a fines ceremoniales.
Alrededor del año 3,000 a.c. el crecimiento de las poblaciones y, consecuentemente, el acrecentamiento de la importancia de los servicios que ellas demandaban, determinó que la separación de las funciones urbanas, que se iniciara en Cerro Paloma, se convirtiera en una característica de los primeros intentos de planeamiento urbano, dando lugar a varios tipos de aldeas.
El más antiguo y el más simple de ellos es el constituido por un conjunto de viviendas cuyo edificio comunal, religioso o administrativo, se encontraba situado a cierta distancia y, aparentemente, sin ninguna relación formal con la zona habitacional. Este es el tipo de diseño representado por Cerro Paloma. Otro tipo embrionario de planeamiento urbano, posterior al anterior y evidentemente más evolucionado, es el conformado por aldeas que tienen los edificios o servicios públicos situados en un espacio central y rodeados por viviendas. Un ejemplo típico es el pueblo de Asia cuyo edificio central fue de gran tamaño y complejidad. Finalmente, a mediados del Segundo milenio antes de Cristo, se dan aldeas cuyo planeamiento es bastante más complejo, pues no sólo muestran diferenciación en el uso del suelo, en cuanto a vivienda y servicios públicos se refiere, sino también una estructura urbana basada en barrios, dotados, cada uno de ellos, de sus propios montículos Ceremoniales. Este tipo de asentamiento, que representa un patrón de diseño caracterizado por la complejidad del trazado urbano y la importancia y monumentalidad de las obras públicas, no se encuentra entre los restos poblacionales de la comarca, pero dado que si se le halla en zona cercana a la misma es de suponer que también forma parte de la topología urbanística limeña. En Supe, lugar de la Costa Central no muy lejano de la Comarca de Lima existen los restos de una población conocida con el nombre de El Áspero, que es un arquetipo de este patrón de asentamiento urbano.
Alrededor del año 2,500 a.c. se produce un hecho de gran importancia para el desarrollo cultural de la Costa Central. El algodón, con cuyo cultivo debió haberse estado experimentando desde años atrás, aparece en muchos sitios de la región como un producto perfectamente integrado a la economía regional, pues se encuentran numerosos restos de tejidos en los que el algodón sustituye a las fibras vegetales que se habían usado hasta entonces.
El uso del algodón para fabricar telas mediante la técnica del entrelazado, anillado y ondulado, es decir haciendo uso de los mismos procedimientos empleados para confeccionar redes, canastas y esteras, puesto que todavía no se había inventado el telar, significó un gran aporte al mejoramiento de los niveles de vida de los horticultores aldeanos del período. Las prendas de vestir y las coberturas de toda clase mejoran notablemente, tanto en calidad coma en apariencia, y su demanda es tanta que, a muy corto plazo, se perfeccionan grandemente las técnicas de elaboración textil, de manera que muy pocos años después de la aparición del algodón se encuentran tejidos muy bien confeccionados y decorados por dibujos geométricos de gran belleza.
En general, en este período, que corresponde al Arcaico Medio, los horticultores aldeanos de la Costa Central habían alcanzado un apreciable grado de desarrollo cultural que les permitió, dentro de una economía productiva con visos de racionalización en la producción, obtener niveles de vida bastante estables. La apariencia física de dichos pobladores, a juzgar por los muchos restos encontrados en la región, en poco o nada se diferenciaba de la de los actuales habitantes de la costa, pues los caracteres somáticos de ambos son casi los mismos.
Es indudable que las comunidades aldeanas practicaban algún tipo de culto religioso, pues los numerosos túmulos, montículos y plataformas ceremoniales que abundan en el período lo demuestran palmariamente. Posiblemente reverenciaban a las fuerzas y elementos de la naturaleza, así como a aquellos animales que los impresionaban con su apariencia, atributos o poder y a los que por tanto, representaban frecuentemente en la decoración de sus útiles, menaje y tejidos. También rendían culto a los muertos, pues los entierros muestran la existencia de prácticas ceremoniales y los cadáveres, extendidos o flexionados y envueltos en tejidos o esteras, eran enterrados en tumbas ubicadas dentro de las casas o cerca de ellas. Es probable que creyeran en la existencia de una vida ultraterrena y en la posibilidad de que los muertos regresaran a perturbar a sus familiares, pues se han encontrado entierros en los que se había colocado varias pesadas piedras sobre el cadáver o atravesado los restos con fuertes estacas para fijarlos al terreno.
La organización social de las comunidades era embrionaria y asumía la forma de gobierno que ya se ha descrito. Igualmente, las viviendas y pueblos de la época tenían los patrones de diseño y construcción a los que se ha hecho referencia en párrafos anteriores.
En dichos grupos sociales existía una fuerte inquietud artística, la que se manifiesta en los pirograbados que efectuaban en los mates de su menaje doméstico; en los dibujos incisos, figurativos o geométricos, que grababan en flautas, zumbadores, cuchillos y todo tipo de utensilios; en los dibujos con que, a base de teñir tramas y urdimbres, decoraban los productos de la textilería y la cestería; y en las texturas con que ornamentaban los paramentos de sus construcciones, mediante el juego contrastado del aparejo y tamaño de las piedras y sus simulaciones en arcilla.
Los motivos decorativos eran diversos. Frecuentemente asumían formas simplemente geométricas, pero también los había figurativos representando felinos, monos, aves, a veces bicéfalas, y serpientes. En este caso, los ofidios se contorsionaban contraponiéndose en complicadas combinaciones que anticipaban el advenimiento del "interlocking’. Son notorios los bellos ejemplos de decoración textil encontrados en Asia (Mala) y Huaca Prieta, (Valle Chicama) y también los utensilios labrados y mates pirograbados de la misma procedencia y los parámentos decorados de los edificios ceremoniales de Río Seco del León (Chancay).
En cuanto a la agricultura, los horticultores aldeanos se limitaron a aprovechar las feraces zonas de las riberas de los ríos, las tierras cercanas a los puquios y las humedecidas por napas freáticas casi superficiales, pero cultivaron una gran variedad de productos que les permitieron no sólo asegurar su subsistencia sino tener un acopio de excedentes que posibilitaron una temprana especialización laboral y la realización de grandes obras de carácter cooperativo. Cultivaron así, además del algodón, zapallos, calabazas, frijoles, ajíes, camotes, jiquimas y frutales tales como la lúcuma, la guayaba y el pacae.
A fines del período todavía la agricultura era incipiente, pero principiaba, gracias al algodón, a jugar un rol cada vez más importante en una economía en la que la explotación de los recursos del mar seguía siendo de primerísima importancia. La recolección de mariscos, la caza de focas y lobos marinos y la pesca, tecnificada por el uso de anzuelos y redes, se mantenía como la actividad más importante de los habitantes de la Costa Central del Arcaico Medio.
Las costumbres en general, y consecuentemente la forma de preparar los alimentos, no se diferenciaba mayormente de las descritas respecto a la vida de pobladores más tempranos. Los utensilios y herramientas eran generalmente de hueso y madera, habiendo disminuido el uso de artefactos de piedra. El menaje doméstico estaba constituido por mates, maderos y huesos labrados que hacían de platos y vasos, por batanes y metales de piedra y por recipientes constituidos por odres de cuero y canastas impermeabilizadas con arcilla.
Además de los restos arquitectónico-urbanístico ya citados, se encuentran en la Comarca de Lima varios otros que por su importancia convienen recordar, considerándolos como pertenecientes a este período o sea al Arcaico Medio, aun cuando para algunos estudiosos dichos restos son algo más tardíos y los ubican a principios del Arcaico Superior. Se trata de los siguiente monumentos:
1) El montículo, probablemente ceremonial, ubicado en la Pampa de los Perros, en la margen derecha del Chillón, construido con piedras rústicas y cascajo que parecen haber conformado varias terrazas escalonadas;
2) El templo de Media Luna, en la margen derecha del Chillón, ubicado en las estribaciones de los cerros frente a las instalaciones de La Pampilla y conformado por tres grandes plataformas de relleno, soportadas por pircas de piedra rústica; y
3) El conjunto de montículos situado al este del centro ceremonial El Paraíso, en la ribera izquierda del Chillón, constituido por tres túmulos piramidales de piedra rústica y cascajo, que se ubican conformando un espacio central abierto por uno de sus lados.
En este período, según el Dr. Luis G. Lumbreras (1969), existieron en la costa importantes poblaciones como Huaca Prieta y Cerro Prieto, en el valle de Chicama; las Aldas, cerca de Casma; Culebras y Huarmey, en los alrededores de ese Puerto; Áspero en Supe; Río Seco del León, junto a Chancay; Chilca, en las riberas del río Mala; Asia en la cuenca de dicho río, y Otuna, en las vecindades de Paracas.
En la sierra el desarrollo urbano fue menos intenso que en la costa, pero en las cercanías de la actual ciudad de Huánuco, hacia los 2,240 a.c. se estableció el primer gran centro ceremonial de la región central andina, fenómeno cuya aparición en la costa es bastante más tardía.
En el sitio de Kotosh se encuentra un conjunto de edificios, probablemente de índole religiosa, cuyo exponente más interesante es el denominado Templo de las Manos Cruzadas. Este edificio, que por su topología puede ser el modelo que inspiró al diseño del Templo del Paraíso y otros monumentos costeños, tiene especial importancia para la cultura andina, pues no sólo significó un valioso aporte arquitectónico, sino también el primer gran ejemplo de modelado escultórico. Los dos pares de manos, o mejor dicho, de brazos cruzados, que adornaban las paredes del templo, son una hermosa expresión de alto relieve en barro y constituyen el más antiguo ejemplo de la escultura continental.

1 comentario:

  1. No encuentro sentido al hecho que utilicen la bandera de Bolivia creada por Evo Morales y actualmente bandera del Cusco. Esa bandera de colores nunca fue la del Tahuantinsuyo.

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