DVD IV INTI RAYMI EN LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY

DVD IV INTI RAYMI EN LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY
Una vez más, gracias a nuestros hermanos de Producciones EDUMART, de Martín Vásquez Escobar y Clarisa Codarlupo Gómez, hacemos entrega de este DVD que compila información de las actividades que hacemos en bien del conocimiento y valoración de nuestro Patrimonio Cultural y Natural los cuartos domingos de junio. Esperamos que esta celebración y representación sea una fiesta tradicional y turística que le cambie de rostro a nuestro distrito ¡AVANZA CARRIÓN!

MATRIMONIO EN LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY

MATRIMONIO EN LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY
Mi madre Rosario Escobar y Ramón Benitez se casaron en la Huaca Fortaleza de Campoy el sábado 11 de febrero del 2012.

INTI RAYMI EN CAMPOY 2011

INTI RAYMI EN CAMPOY 2011
Este domingo 26 de junio, de 10:00 a.m. a 2:00 p.m. celebramos y representamos el IV INTI RAYMI EN LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY, nos visitaron para compartir un reencuentro con nuestra sabiduría milenaria. Observamos el encuentro del Inca Túpac Yupanqui con el Hatun Curaca de Ruricancho, en medio de cánticos, ofrendas y danzas de las diferentes regiones del Tahuantinsuyu. El ingreso fue totalmente libre. Gracias a todos los visitantes, los esperamos el próximo año en un nuevo INTI RAYMI.

AFICHE DE LAS CAMINATAS HISTÓRICO - ECOLÓGICAS

AFICHE DE LAS CAMINATAS HISTÓRICO - ECOLÓGICAS
LAS CAMINATAS LAS HACEMOS CON EL GRUPO DE DEFENSORES DEL PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL Y GUÍAS ESCOLARES DE TURISMO "KUSI SONQO" - CORAZÓN ALEGRE, PARTIMOS DE LA HUACA FORTALEZA DE CAMPOY, SEGUIMOS POR EL CAMINO PRE INCA DE CERRO EL CHIVO EN CAMPOY Y LLEGAMOS A LA HUACA TEMPLO NUEVO DE MANGOMARCA, PARA DESPUÉS RETOMAR EL ANTIGUO CAMINO Y LLEGAR A LAS LOMAS DE MANGOMARCA. ES UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE. ESTÁN TODOS INVITADOS A CONOCER EL PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL DE SAN JUAN DE LURIGANCHO.

VISITA DE SUSANA VILLARÁN

VISITA DE SUSANA VILLARÁN
ESTE BLOG ES INDEPENDIENTE Y MARCA SUS DISTANCIAS CON CUALQUIER PARTIDO O AGRUPACIÓN POLÍTICA. PARA NO DESVIARNOS DE NUESTRO CAMINO DE CONOCIMIENTO Y VALORACIÓN DE NUESTRO PATRIMONIO CULTURAL. PERO SÍ ES NECESARIO SER AGRADECIDOS CON QUIENES NOS TENDIERON UNA MANO DÁNDONOS ALIENTO EN ESTA GRAN CAUSA EDUCATIVA EN LA QUE NOS ENCONTRAMOS, YA QUE NO ES FÁCIL LO QUE VENIMOS HACIENDO Y PARA NOSOTROS ES GRATIFICANTE HABER RECIBIDO LA VISITA DE NUESTRA ALCALDESA DE LIMA, INTERESADA EN TRABAJAR POR LA DEFENSA DE NUESTRO PATRIMONIO CULTURAL, COSA QUE HASTA EL MOMENTO NO HAN HECHO LAS AUTORIDADES LOCALES, REGIONALES Y NACIONALES INVOLUCRADAS EN LA EDUCACIÓN, CULTURA Y EL DESARROLLO HUMANO. POR ESTE MOTIVO NOS SOLIDARIZAMOS CON NUESTRA ALCALDESA Y RECHAZAMOS LOS INTENTOS DE PONER TRABAS EN SU GESTIÓN, ECHÁNDOLE BARRO Y PIEDRAS EN SU CAMINO. ¡FUERZA SUSANA!

PROYECTO LOMAS

PROYECTO LOMAS
Saludamos y felicitamos el compromiso que han asumido quienes vienen trabajando por asentar las raíces de nuestra identidad cultural en nuestros niños y adolescentes luriganchinos, mediante este proyecto que nace de la necesidad de conocer y proteger nuestro patrimonio cultural y natural. ¡TODOS A COLABORAR!

domingo, 16 de enero de 2011

LIMA PREHISPÁNICA. CAPÍTULO IV


Mateo Salado o Cinco Cerritos (foto Servicio Aerofotográfico Nacional, 1944)


Palacio de Oquendo.


Plano del Templo de Pachacamac, según Squier (1877:87)


Reconstrucción hipotética del Templo del Sol de Pachacamac



Templo de las Mamacunas en Pachacamac, luego de su restauración (foto Servicio Aerofotográfico Nacional)


Pared de Armatambo, según Squier (1877:69)

Dibujo reconstructivo del palacio Inca en Pachacamac.


Vista aérea de Tambo Inga, en el valle del río Chillón (foto Servicio Aerofotográfico Nacional, 1945)

Reconstrucción planimétrica de Tambo Inga en base a fotografía aérea (Elías Mujica B.)

IV.3 La Dominación Inca
Pachacútec Inca Yupanqui, el Revolvedor del Universo y creador de la grandeza del Tahuantinsuyo, llevó a cabo la conquista de la Costa Central en la década de 1,460 a 1,470 de nuestra era, a poco de iniciado el Horizonte Tardío.
Producida la consolidación del estado cuzqueño por la destrucción de los Chancas y la derrota de los Soras y Lucanas, Pachacútec dispuso la conquista de la costa central y meridional, y con tal fin organizó un fuerte ejército que puso bajo el mando de su hermano Cápac Yupanqui y de su hijo y heredero Túpac Yupanqui. Las fuerzas cusqueñas bajaron a Nazca desde Soras y penetraron en los territorios del Reino de Chincha, con cuyo soberano, el Chincha Cápac, llegaron a un acuerdo pacífico mediante el cual se sometió a la autoridad del Inca y sus dominios fueron incorporados al Tahuantinsuyo.
Cápac Yupanqui continua su marcha hacia el norte hasta alcanzar los límites del Reino de Chuquimanco, donde encontró una fuerte resistencia que lo obligó a permanecer más de tres años en el sitio. Durante ellos, con la finalidad de afirmarse en el territorio y proveer de facilidades a los ejércitos imperiales, los Inca construyeron en la región numerosas obras, entre las que se destacan la ciudadela de Incahuasi, en la quebrada de Lunahuaná, el palacio de Herbay y una fortaleza asentada en lo alto del cerro Camacho, en Cerro Azul. Después de una larga y cruenta lucha la fortaleza de Hungara, donde Caciarucana el Señor de Runahuanac se había hecho fuerte, fue tomada a sangre y fuego y sus sobrevivientes ahorcados de lo alto de los muros de la fortaleza de Cerro Azul, la que desde entonces tomó el nombre de Guarco o Huarco, que en quechua significa colgadero.
El avance Imperial continúa sin mayores contratiempos a través de los valles de Omas, Mala y Chilca, llegando a Ichma, o sea a la Comarca de Lima a fines de la referida década. En Ichma se pactó un convenio específico con el Hatun Curaca del Señorío, gracias posiblemente a la influencia de Túpac Yupanqui, a quien su madre había confiado que el dios Yunga era el Creador del Mundo. Inmediatamente después Cápac Yupanqui avanzó hacia el valle del Chillón, donde tuvo que vencer la resistencia que le opuso el Colli Cápac, secundado por los curacas subordinados al Señorío de Colli, entre los que se encontraba el régulo del curacazgo de Quivi.
Posteriormente los Incas continuaron su avance victorioso por los valles de Chancay, Huaura y Pativilca, el antiguo Huamanmayo, y finalmente llegaron hasta el río Fortaleza, donde dieron por finalizada la campaña y se afincaron en la región, ampliando y robusteciendo la vieja fortificación de Paramonga. Así, alrededor de 1470 se había consumado la conquista Inca de la costa sur y gran parte de la costa central, quedando los Señoríos de Colli y de Ichma incorporados al Tahuantinsuyo.
La influencia cultural de los Incas, en la Comarca de Lima, no fue tan trascendente como en otras regiones del Tahuantinsuyo, debido al corto tiempo que transcurrió entre la época en que efectuaron la conquista de la costa central y la destrucción del Imperio por los españoles en 1532. Entre uno y otro hecho solo mediaron alrededor de 63 años, a los que debería descontarse el tiempo que duró la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa, que fue de mas de ocho años. Durante ese lapso la organización del Imperio se relajó seriamente, debilitándose las medidas de incanización y, por supuesto, la construcción de edificios y obras de infraestructura. También debió influir en ese estado de cosas el hecho que la mayor parte de los reinos y señoríos costeños no habían sido incorporados al Imperio por la fuerza de las armas, sino por consentimiento de ellos mismos y a través de la concertación de tratados.
Los costeños resultaban así una especie de aliados, a quienes no se les imponía el duro yugo que regía para los pueblos que se habían resistido a la dominación Inca y se les trataba diferentemente. Tan fue así, que cuando los españoles capturaron a Atahualpa en Cajamarca, el Inca estaba acompañado por el Chincha Cápac, quien, luciendo condición de aliado más que de súbdito, era llevado en litera, privilegio que estaba reservado para la nobleza incaica y para quienes gozaban del especial favor del monarca.
Asimismo (Rostworowski 1977), la complejidad de la sociedad Yunga, con su jerárquica y atomizada estructuración política, su organización social en clases y gremios, su subdivisión del trabajo en especialidades y su continuo traslado de hombres y productos por acción del activo comercio que la caracterizaba, debió desorientar a los rígidos y autoritarios cusqueños e impedirles imponer a fondo, desde el comienzo, las normas de la planificación imperial (Agusto Calvo 1983b). El hecho es que salvo la imposición del culto al Sol, el uso del quechua coma lengua oficial, la reorganización político-administrativa de la región y la construcción o remodelación de algunos conjuntos arquitectónico-urbanísticos, así como de ciertos caminos troncales y obras de infraestructura, no existen otros testimonios de la ocupación Inca en la Comarca y zonas aledañas. Inclusive en los campos señalados, la intervención Inca se efectuó con algunas limitaciones. Por ejemplo, el culto al Sol se oficializó pero se respeto la veneración a Ichma, cuya influencia siguió siendo tan grande que opacaba a la deidad solar. Asimismo, los propios Incas rindieron culto al Oráculo consultándolo frecuentemente, y lo incorporaron a su mitología cambiándole el nombre por el de Pachacámac. Además, case único en la historia del Tahuantinsuyo, el templo de Ichma-Pachacámac permaneció en pie al lado del que los Incas construyeron para honrar al Sol.
La Comarca y zonas vecinas se organizaron en los hunos de Carabayllo, Maranga y Surco, que tuvieron sus sedes en Pueblo Viejo, Mateo Salado y Armatambo, respectivamente, pero los antiguos curacazgos subsistieron reagrupados en las nuevas unidades político-administrativas y en la mayor parte de los casos conservaron sus antiguos curacas. Asimismo, se respetaron instituciones y costumbres completamente extrañas a la idiosincrasia y hábitos de los Incas, como fue el caso de la presencia de grupos sociales que se dedicaban exclusivamente a tareas coma la pesca y la artesanía o de la existencia de un fuerte movimiento comercial que trastocaba el sistema redistributivo oficial y producía una movilización popular que desordenaba las cuentas y especulaciones de los quipu camayocs y planificadores imperiales.
Por lo dicho, en las manifestaciones culturales comarcanas poco es lo que se puede señalar como resultante de la presencia Inca en la región. En cerámica, apenas unas cuantas formas señalan la influencia del arte cuzqueño; el acampanamiento de los golletes, la posición de las asas, la aribalización de los fondos de los ceramios. En textilería, talla y metalistería, prácticamente poco o nada acusan las huellas de la cultura dominante.
En el campo del urbanismo y la arquitectura se produce un caso sumamente especial: el fenómeno de la aculturación se invierte y los conquistadores resultan más influenciados por la acción de los conquistados que éstos por aquellos como es usual. En efecto, los Yungas siguieron levantando sus pueblos y construcciones casi a la manera ancestral; únicamente cierto ordenamiento en el trazado urbano y en el diseño arquitectónico dejaba intuir el racionalismo de los patrones de asentamiento Incas. En cambio, el medio geográfico, los materiales de construcción y los hábitos costeños influenciaron poderosamente el planeamiento urbano y la composición arquitectónica incaica. El urbanismo fue menos orgánico y se desordenó un poco; la arquitectura adoptó las típicas formas y volúmenes de los monumentos costeños, enriqueció su organización espacial con la complejidad y refinamiento de las composiciones Yungas y usó plenamente los materiales nativos. El encuentro entre el racionalismo y el pragmatismo Incas y la sensualidad e imaginación Yungas dio resultados positivos y se plasmó en la ejecución de unas pocas obras que alcanzaron una gran calidad técnica y estética.
Las obras de ingeniería son igualmente escasas en la Comarca. No se conocen trabajos hidráulicos de envergadura, ni tareas de estabilización de laderas o de creación de tierras agrícolas mediante la construcción de andenerías. En cambio, la atención de los planificadores y constructores Incas parece que se centró en los caminos, trazándose nuevas vías troncales y mejorando y ampliando las redes comarcanas existentes. Así se construyó el camino imperial, el Inca Ñan, que unía directamente el Santuario de Pachacámac con el asiento del curaca de Lima y, cruzando el Rímac, bordeaba los cerros en dirección a la intersección de las quebradas del Chillón y Quilca, lugar donde se bifurcaba en vías que conducían a las serranías canteñas y a los arenales de la Costa. El camino, amplio y bien afirmado, cercado por bajos muros de adobe, partía de Pachacámac y en grandes tramos rectilíneos, según los dictados de la ingeniería Inca, cruzaba la tablada de Lurín y los dominios del curacazgo de Surco para hacer pascana en Limatambo y desde allí, lugar de encuentro y distribución de caminos comarcanos, dirigirse a Lima y otros sitios de importancia. Naturalmente, en su recorrido el Cápac Ñan se enlazaba con los caminos secundarios que conducían a las sedes de los hunos y de los curacazgos de la Comarca, vinculando entre si a Armatambo, Maranga, Carabaillo y a los pueblos de los curacas de Guatca, Surco y Ate, que se ubicaban en la parte oriental del valle del Rímac.
También debieron contar los Incas con un camino que uniera el valle del Rímac con Ancón y de allí fuera en derechura hasta Suculacumbi, en el valle de Chancay. La posición de Tambo Inga indica que han existido caminos que vinculaban al valle del Rímac con los de Ancón y Chillón, pues su emplazamiento es punto estratégico para la reunión de dichas vías. Igualmente, la ancestral relación cultural de Ancón con Chancay hacia imprescindible su directa vinculación y, además, el camino que unía a este valle con el Chillón, a través de la quebrada de Quilca, resultaba demasiado tortuoso para la mentalidad de los Incas y su sentido de la ingeniería. Debió existir, pues, un camino que pasando por el Rímac y Tambo Inga llegara a Ancón y desde allí, por las lomas de Pasamayo, alcanzara Huaral y se uniera al Camino de los Llanos que recorría el litoral hasta más allá de Tumbes.
La comunicación con la sierra estuvo asegurada por las vías existentes desde los tiempos Wari, que seguramente fueron mejoradas por los Incas e implementadas con la instalación de tambos y estaciones de chasquis. Se tenía, por tanto, además del camino a la sierra que ascendía por el cauce del Chillón, las dos vías que partiendo de Pachacámac se encaminaban a las alturas. La una pasaba por Manchay y Cajamarquilla, ascendía por la quebrada de Jicamarca y llegaba a Canta y se prolongaba hasta Pumpu o Bombón, junto al lago de Junín. La otra seguía el cauce del Lurín, río arriba, llegaba a Huarochirí, alcanzaba las cumbres sagradas de Pariacaca y finalmente arribaba a Jauja, sobre el Camino de las Alturas que ligaba al Cusco con la norteña Tumibamba y los confines sureños del Imperio. Naturalmente, desde Pachacámac también se podía llegar por el anchuroso camino de los Llanos a Imperial, Chincha y Nazca o hasta el mismo Curico, en los confines del territorio Mapuche.
Como ya se ha indicado, la población de la Comarca era muy numerosa y se agrupaba en pueblos y aldeas, situados algunos en la parte llana de los valles, otros en el fondo de los mismos, la mayor parte pegados a las estribaciones de los cerros, con las naturales excepciones de las pesquerías que se ubicaban sobre las playas del litoral. Además de las sedes de curacazgo y de los pueblos que ya se han citado, según Carlos A. Romero, existían en la época los siguientes asentamientos humanos: Huancho Huallas, Huachipa, Tilaco, Cayac, Huancane, Lati, Huatca, Pariachi, Chuquitanta, Cacahuasi, Collique, Comas, Puruchucu, Hualla, Huarinhuancho, Yanatanta y Sotebuche. Las pesquerías eran las de Callao y Surco y los tambos de Macat, en el fundo de Mirones, Tambo Inga, cerca de Carabayllo, Limatambo, junto a la Huaca de ese nombre, Irmatambo o Armatambo, en la antigua población de Marcavilca.
Las más importantes realizaciones arquitectónico-urbanísticas incaicas de la Comarca, según la clasificación de Schaedel (1951), son las siguientes:
1) CENTRO CEREMONIAL, con ciertas características de Centro Urbano de Élite: Pachacámac, en el valle de Lurín; 2) CENTRO URBAN0 DE ÉLITE: Armatambo, en el valle del Rímac, y, probablemente, Maranga, en el mismo valle; 3) CENTRO URBANO PROFANO: Huaquerones, en el valle del Rímac; 4) CENTRO PROVINCIAL DE ÉLITE: El Pino, Encalada y Huaycán, en el valle del Rímac. Huaycán, en Lurín; y 5) UNIDADES AISLADAS: Tambo Inga, Puente Inca y Fortaleza Collique, en el valle del Chillón, Huaca Ceres, Limatambo y los Incas, en el Rímac, Tambo Inca y la población de Cerro Botija, en Lurín.
Algunos de los ejemplos más importantes de la arquitectura de Lima, son los siguientes:
EL TEMPLO DEL SOL EN PACHACAMAC.
El Templo dedicado al Sol fue construido en Pachacamac, alrededor de 1465, por disposición de Túpac Inca Yupanqui. El monumento, de una concepción arquitectónica típicamente costeña, se levantó sobre una eminencia natural al lado del Viejo Templo de Ichma o Pachacámac.
Para entender el extraño hecho que, dentro de la política de los Incas, significó la permanencia del culto a Pachacámac y las características arquitectónicas de la Nueva Casa del Sol, es necesario recurrir a los cronistas de la época para conocer los antecedentes y condicionantes históricos que mediaron en la construcción del templo solar.
Primeramente, hay que recordar que el señorío de Ichma, dentro del que se encontraba la ciudad ceremonial y el templo del famoso oráculo, no fue incorporado al Imperio por un hecho de armas sino mediante la concertación de un tratado, en el que, según la "política exterior" de los Incas, se fijaban las condiciones de dicha anexión. En Segundo lugar hay que considerar, asimismo, que la influencia de Ichma era muy grande en todo el territorio Yunga, a punto tal que se le rendía culto en sitios situados a más de 500 leguas de distancia y que prácticamente toda la costa le tributaba.
Cieza de León ( [1553] 1962) anota al respecto: "... pareciéndoles (a los Incas) que con gran dificultad la podrían quitar, dicen que trataron con los señores naturales y con los ministros de su dios o demonio que este templo de Pachacámac se quedase con la autoridad y servicio que tenía, con tanto que se hiciese otro templo grande y que tuviese el más eminente lugar para el sol..."
Finalmente, es imprescindible considerar que Túpac Yupanqui, cuando llego a Ichma, estaba favorablemente dispuesto hacia el dios costeño, pues por comunicación de su madre conocía que era el "hacedor de la tierra". Hernando de Santillán ( [1563] 1969) relata en los siguientes términos la participación de Túpac Yupanqui en la posición asumida por los Incas respecto a Ichma:
"... estando la madre de dicho Topa Inga preñada dél, habló en el vientre y dijo que el hacedor de la tierra estaba en los Yungas, en el valle de Irma. Después de mucho tiempo siendo ya hombre y señor el dicho Topa Inga, la madre le dijo lo que pasaba. Y sabido por él, determinó de ir a buscar el hacedor de la tierra al dicho valle de Irma, que es al que agora se dice Pachacama, y allí estuvo muchos días en oración y hizo muchos ayunos, y al cabo de cuarenta días le habló al Pachahc Camahc, aquellos dicen que era hacedor de la tierra, y le dijo que había sido muy dichoso en hallarle; y quel era el que daba ser a todas las cosas de acá abajo; y quel sol era su hermano y daba ser a lo de arriba. Y por esto el lnga y los que con él estaban le hicieron grandes sacrificios de ovejas y quemaron mucha ropa, dándole las gracias por la merced que les había hecho. Rogáronle que les dijese que sacrificios quería que le hiciesen; la guaca les dijo por aquella piedra en que lo hablaba, que tenía mujer e hijos, y que allí en Irma le edificasen una casa. Luego el lnga la hizo edificar en su presencia, que es un edificio que hoy está en pie de gran altura y suntuosidad, a que llaman la grande Guaca de Pachacama, sobre un grande monte de tierra que casi todo parece hecha a mano y encima e edificio; y allí le dijo la guaca al lnga que su nombre era Pachahc Camahc, que quiere decir el que da ser á la tierra; y asi se mudó al nombre del dicho valle de Irma y le quedó Pachacama... "
Debido a la situación descrita y muy especialmente a la favorable disposición de Tupac Yupanqui hacia el Dios Inga, el acuerdo entre los Incas y los gobernantes político-religiosos de Ychma fue excepcionalmente generoso para los costeños. En términos generales, se oficializó el culto al Sol pero se respetó la veneración a Ychma, conocido desde entonces coma Pachacamac. Asímismo, se establecieron normas y procedimientos que garantizaban la existencia de cordiales relaciones entre los dos dioses (Bueno 1982). Parece que una de dichas medidas fue el compromiso Inca de fabricar una Aclla Huasi para el servicio de Pachacamac, acuerdo que se materializó en la construcción del Edificio Pintado que complementa al Templo de Pachacamac. En esa forma los Incas manifestaron su respeto al Viejo Dios, pues no sólo pusieron una institución cuzqueña a su servicio, sino que construyeron, ellos mismos, las instalaciones necesarias. Con el mismo propósito, al parecer, el Templo del Sol quedó encerrado dentro del recinto que circundaba al de Pachacamac y para acceder a él había que pasar delante del Viejo Templo; esta relación era especialmente importante para las Acllas, que habitaban en el convento de las Mamaconas situado fuera del cerco sagrado.
Max Uhle (1903) sostiene que la construcción del Templo del Sol fue encomendada integramente a los Yungas y que por ello no sólo la mano de obra sino también la concepción arquitectónica fue de carácter local. Uhle afirma que los Incas adoptaron esa actitud para que el culto al Sol fuera más fácilmente aceptado por los costeños, dado que la apariencia del Templo les recordaría las formas tradicionales de sus propios adoratorios. Es difícil aceptar que los Incas, en el espacio de su poderío, tuvieran tales consideraciones, que implicaban verdaderos renunciamientos político-religiosos con quienes, no obstante la importancia religiosa de Pachacamac, no eran otra cosa que un pequeño señorío sin mayor poder militar. Es más lógico atribuir las causas del asunto a razones de índole cultural. Los Incas, como los Romanos ante los Griegos, deben haberse sentido fuertemente impactados por la complejidad y riqueza social de la vida de los Yungas, impresión que debió llegar a su máximo al tener contacto con el fabuloso y refinado Reino del Chimor en la costa norte. De la relación Inca-Yunga nació un proceso de culturación que, comosuele ser frecuente en la historia de las conquistas, impactó tan hondamente en el comportamiento de los vencedores como en el de los vencidos. En el caso de los Incas, la influencia costeña en ciertos asuntos y especialmente en el campo de la arquitectura es incuestionable. Por ejemplo, la aparición en la arquitectura Inca del Ushnu piramidal escalonado, forma típicamente costeña, es posterior a la conquista de la costa por Tupac Yupanqui y, según se dice, su uso fue oficializado por dicho monarca, mediante la construcción del Ushnu de Vilcashuaman. Igualmente, el planeamiento de Puca Tambo, en Pisco, Inca Huasi, en Lunahuaná, y Uquira, en Asia, acusa influencia Yunga, tanto en la disposición general de los volúmenes que integran esos conjuntos cuanto en la concepción espacial de sus ambientes interiores.
En resumen, al final de cuentas nos encontramos con que el más importante edificio construido en la costa por los Incas no tiene las características propias de su arquitectura, y más bien parece producto de los arquitectos locales. En efecto, el Templo del Sol asume la forma de una gran pirámide escalonada, en cuya plataforma superior se ubicaban los locales dedicados propiamente al culto, estando los ambientes de servicio situados en la base y en las distintas terrazas de la edificación. El Templo esta construido en la cima de un montículo natural, con cuyo volumen se integra, y está conformado por cuatro troncos de pirámide que se enciman uno sobre otro, creando, al receder cada uno de ellos, amplias terrazas que circundan al edificio por tres de sus lados. Hacia el SE, debido a la pendiente de la meseta sobre la que se levanta el Templo, los volúmenes que se escalonan ascensionalmente son cinco en vez de cuatro, coma sucede en los lados NE y NO. Hacia el SO, lado que constituye el frente principal del Templo, la volumetría y tratamiento del edificio adquieren características distintas a los de los otros frentes, tanto por el motivo citado coma por las especiales condiciones topográficas del terreno.
La planta del Templo es un trapecio irregular, cuya base a lado mayor se orienta NO-SE y su altura, o sea la perpendicular levantada sobre la base, tiene una orientación NE-SO. El área de implantación del Templo alcanza 48,000 m2 y está encerrada por lados que miden, a partir del frente mayor y en el sentido de las agujas del reloj, 215, 154, 170 y 108 mts., respectivamente. La plataforma o terraza superior tiene un área de 7,200 m2 y sus lados miden, en el orden citado, 117, 74, 106 y 64 mts. Las distintas terrazas que conforman los escalones de la pirámide varían en profundidad, pues tienen desde 5 hasta 15 mts., pero se puede considerar un promedio de 10 mt de ancho para la mayor parte de ellas.
La altura de la pirámide, medida desde la base sobre la que se levantan las construcciones, no es mucha en verdad, pues sólo tiene un promedio de alrededor de 19 mt., pero el hecho de estar edificada sobre la cima de un montículo, cuyo volumen complementa, determina que la construcción luzca gigantesca. La altura de cada uno de sus lados, medida en el centro de los mismos y en el orden establecido, es aproximadamente de 23, 16,175 y 18 mts. La altura de cada uno de los cuerpos escalonados varia entre 2 y 7 mts., teniendo en su mayor parte un promedio de 4 mts.
El acceso a la cima de la pirámide, y a todas las terrazas intermedias, se hacía mediante una escalera que se iniciaban en el punto medio del lado NE. La escalera se desarrollaba cortando a tajo abierto los lados de la pirámide y después de un recorrido zigzagueante llegaba a la terraza superior, al lado de las construcciones que se levantaban en el sector izquierdo de la misma. Los muros de la caja de la escalera y sus escalones estaban construidos con la piedra arenisca del lugar. El ancho de la caja variaba entre 1.75y 1.95 mt., y la altura y el ancho de los escalones tenían un promedio de 10 y 40 cms., respectivamente. Es muy posible que hayan existido otras vías de acceso a la cumbre del Templo, pero infortunadamente no quedan restos de ellas, ni tampoco de las rampas y escaleras que necesariamente debieron relacionar las terrazas entre sí.
La terraza superior, como ya se ha indicado, estaba dedicada a las más importantes ceremonias del culto solar y en ella, flanqueando una plaza central, se encontraban los locales destinados a dicha finalidad. La plaza estaba limitada al NO y SE por los locales citados y se abría hacia occidente y poniente, teniéndose desde ella una vista magnífica de los alrededores y una extraordinaria relación con el mar, El piso de la plaza se extendía hacia el SO cubriendo en toda su extensión el corredor y la terraza techada situados en el nivel inmediato inferior del lado poniente del Templo. Seguramente debió existir una forma de comunicación entre la plaza y dichos ambientes, aunque actualmente no queda ningún indicio de que tal vinculación existió.
Las edificaciones que flanqueaban la plaza estaban constituidas por varios cuartos rectangulares de distintas medidas, cuyos muros tenían hasta 6.60 mt. de altura y se adornaban exteriormente con una banda de niches cuadrangulares de pequeñas dimensiones. El local ubicado en el ángulo norte de la plaza era el más grande del conjunto, tenia 23 mt. de ancho por 30 mt. de largo, y su eje mayor estaba orientado NE-SO; por tanto, sus lados menores miraban al este. Por dichos motivos varios estudiosos suponen que ese local fue propiamente el Templo del Sol, o mejor dicho el santuario donde se guardaba al disco áureo que representaba al dios.
El lado del edificio que da hacia el mar, o sea hacia el SO, es indudablemente el frente principal del Templo y su tratamiento difiere, coma ya se ha indicado, del de los otros lados de la pirámide. En estos el interés arquitectónico se basa en el juego de lutes y sombras que producen las terrazas y los paramentos verticales de los andenes que constituyen la volumetría escalonada de la pirámide. La monotonía que podría producir la sencillez de ese juego es evitada mediante variaciones en la altura y ancho de los distintos andenes, y también por los quiebres que se producen en la horizontalidad de las terrazas de cada uno de ellos. Además, las construcciones de servicio, habitaciones y depósitos, que existían en las diferentes terrazas, especialmente al lado SE del Templo, deben haber contribuído a hacer más interesante el perfil de la edificación.
En el lado SO no existe el típico juego de terrazas escalonadas que caracteriza al resto del edificio. Ello puede deberse a que el flanco del montículo tiene, en su sector central, una depresión u hoyada que debe haber sido parte de una pequeña quebrada o garganta pre-existente. La composición arquitectónica ha integrado el accidente natural a la obra construida, conformando un sistema de muros y terrazas que descienden hasta el fondo de la garganta, creando así dentro de la horizontalidad de la composición un elemento vertical formado por planos que se oponen ortogonalmente a la masa piramidal del edificio. Si hiciéramos valiéndonos de los datos de Uhle (1903) un corte transversal imaginario por el centro de la citada depresión, tendríamos el siguiente cuadro: el piso de la terraza se prolongaría hacia el SO convirtiéndose en techo y se apoyaría en los recios muros de adobes que forman los lados del pasaje, situado, aproximadamente, a 2.50 mts. del nivel del solado de la terraza. El pasaje, cuyos muros laterales muestran restos de nichos verticales, corre paralelo a una amplia terraza, que tenia altos nichos rectangulares en su muro interior y esbeltas columnas de madera hacia el exterior; sobre dichos elementos se apoyaba la viga terminal del piso-techo ya citado. Al extremo SE de la terraza, en la parte no cubierta de la misma, existe un vano de doble jamba abierto en el grueso muro de adobes que desprendiéndose perpendicularmente del cuerpo del edificio se proyecta, hacia el mar. Del otro lado del muro el vano tiene triple jamba, acusando, así, tanto la importancia y categoría del edificio como la de ese ingreso. Es de suponer, por tanto, que este fue el acceso principal al Templo o por lo menos el sitio por el que ingresaban mandatarios y dignidades de gran jerarquía o procesiones de alta significación religiosa.
Es posible que existieran dos vías de acceso al Templo: una de tipo procesional para los devotos y otra más directa y privada para los sacerdotes y servidores. Así ocurría en muchos templos Inca, como por ejemplo en el de Ollantaytambo.
Tres metros por debajo de la terraza descrita se encuentra otra plataforma de 5 mt. de ancho, que se extiende a todo lo largo del sector que comentamos y que por el NO voltea 180 grados para descender, mediante tres anchas gradas, hasta la penúltima terraza. El muro interior de la plataforma citada estaba ornamentado por 36 estrechos nichos rectangulares que, prácticamente, ocupaban toda la altura del muro y constituían un notorio elemento decorativo del frente principal del Templo. La penúltima terraza, de 15 mt. de ancho, se encontraba a su vez 6 mt. por encima de la última plataforma. Esta terraplenaba la depresión formada por la topografía del terreno y cumplía el rol de un poderoso elemento de contención, de 25 mt. de ancho y 7 mt. de altura.
Por lo expuesto, podemos constatar que la arquitectura del Templo del Sol de Pachacamac poco o nada tiene de Inca, pues no sólo su volumetría y planeamiento son de carácter costeño sino también su decoración. Recordemos, por ejemplo, el color del revoque de los muros y la forma de los nichos y hornacinas. Salvo el detalle de las jambas del vano de ingreso, situado en el muro transversal que corta en dos el frente principal, nada hay en el Templo que recuerde las formas típicas de la arquitectura Inca. Aún más, es evidente que la concepción de este templo no se hizo a la imagen y semejanza del Coricancha, tal coma lo establecen Garcilaso ([1609] 1976) y demás cronistas que se ocupan del asunto. No existe en su sector ceremonial la típica cancha central conformada por los locales en los que se rendía culto al Padre Sol y a los demás astros del Olimpo Inca; destacándose entre ellos el santuario solar, por ser más grande y lujoso que los otros adoratorios y por estar orientado hacia el este, para recibir los primeros rayos de Punchau, el Sol Naciente.
En el Templo del Sol de Pachacamac, el ingreso principal está situado al oriente pero el edificio mira hacia el poniente, y en la zona ceremonial, que corona la pirámide sagrada, el santuario supuestamente dedicado al Sol no es más importante que los otros edificios existentes y la plaza se abre tanto hacia el lugar donde nace el sol como hacia el mar donde se oculta. Habrá significado este hecho un reconocimiento de los Incas a la importancia de Sina, la Luna, reina de las mareas y diosa omnipotente de los pueblos costeros o quizá habrá sido otra concesión a Pachacamac, el Viracocha andino, quien después de terminar su obra creadora y de peregrinar desde Titicaca hasta Puerto Viejo "al llegar a la costade la mar, y tendiendo su manta, se fue por entre sus ondas" después de ofrecer a los antepasados de los Incas que "en tiempos venideros les enviaría sus mensajeros, para que los amparasen y enseñasen" (Cieza de León [1553] 1962, Sarmiento de Gamboa [1572] 1943).
La construcción del Templo del Sol está hecha básicamente de adobe, material que se empleó tanto para formar las pacas o elementos de contención como para levantar muros y tabiques y pavimentar pisos. Los cimientos y sobrecimientos del Templo están formados por bloques de tamaño regular de piedra arenisca, procedente de las canteras existentes en los alrededores. También se usó la piedra en la construcción de los muros expuestos a una intensa erosión, en el reforzamiento de las esquinas, en la ejecución de las jambas de los vanos, en algunos dinteles y en los escalones de la escalera principal.
Los adobes usados tienen diversos tamaños, aunque en general son de grandes dimensiones y bastante mayores que los propios de las culturas locales. Uhle (1903) da como promedio para los adobes Incas las siguientes medidas: ancho entre 15 y 17.5 cms., largo entre 35 y 60 cms. y altura entre 10 y 20 cms. Los elementos más grandes se usaron en la construcción de los muros de contención y los menores en la de los muros simples y tabiques; en la pavimentación se emplearon adobes de tamaño regular y de poco espesor. En todos los casos los adobes se asentaban con una gruesa capa de barro que era más espesa en las juntas horizontales que en las verticales.
Los muros tenían grosores que estaban de acuerdo con la función estructural que cumplían, variando su ancho entre los 0.45 y los 6 mt., según se tratara de una partición o de un tramo de muralla con camino epimural en su cima. La altura de los muros podía llegar hasta los 13 mt., teniendo en ese caso una fuerte inclinación hacia el interior y un sobremuro o ensanchamiento en su parte inferior. En general, todo muro mayor de 6 mt. tenía dicho ensanchamiento en su base y un talud que variaba entre el 1.5 y el 3% de la altura. Los muros divisorios eran de sección rectangular, es decir no se adelgazaban hacia la cúspide, y su ancho era de 45 a 50 cms.
Algunos dinteles pequeños eran de piedra, pero en su gran mayoría estaban conformados por varias maderas o hatos de cañas. En este caso se formaban dos parrillas de cañas, se les intercalaban varias varillas puestas en sentido contrario y se amarraba fuertemente el conjunto con tiras de cuero. Los techos eran planos y, siguiendo la tradición local, estaban formados por una cobertura de cañas y esteras, forrada de barro, que se apoyaba sobre una estructura de madera o caña de Guayaquil. Los paramentos de los muros estaban revocados con una gruesa capa de barro fuertemente coloreada con acres naturales, entre los que predominaban el rojo y el amarillo. Rojo intenso era el color de los exteriores del monumento, por lo que al atardecer, según los Cronistas, el Templo reverberaba como una gema.
TAMBO INGA
El monumento se encuentra situado al lado izquierdo de la carretera Panamericana Norte, a 29 km. de Lima y a poca distancia de la población de Puente Piedra. Se trata, en realidad, de un Centro Administrativo de tamaño medio, es decir de un establecimiento del Gobierno Inca desde el que se llevaba a cabo la administración del territorio de su jurisdicción. El conjunto arquitectónico conocido con el nombre de Tambo lnga debe haber sido la sede administrativa del huno de Carabayllo y en sus amplias instalaciones hubo lugar, a no dudarlo, para que el Gobernador y funcionarios Incas administrasen justicia y buen gobierno, para que los habitantes de la región rindiesen tributo y pleitesía a los representantes del Apu Inca, para que los viajeros, sobre todo las comitivas oficiales y los ejércitos imperiales, encontrasen reposo y avituallamiento y, especialmente, para captar y almacenar los ingentes recursos que la región aportaba a las arcas del Tahuantinsuyo.
Con esos propósitos debe de haberse escogido la ubicación de Tambo Inga, pues, como hemos indicado anteriormente, el conjunto se encuentra situado en el lugar de encuentro de importantes caminos. En Tambo lnga deben haber convergido el camino que desde el valle del Rímac se dirigía hacia Suculacumbi, el actual Chancay, pasando por Ancón y la vía que siguiendo el cauce del Chillón trepaba hacia las serranías costeñas. Desde esa estratégica posición, encaramado en un alargado montículo, Tambo lnga debe de haber señoreado la región circunvecina despertando admiración y respeto a los Yungas comarcanos.
Tambo lnga está construido encima de un promontorio natural de forma alargada y curvilínea, longitudinalmente orientado SE-NO. El promontorio tiene en su extremo occidental un apéndice formado por un montículo en forma de gota, siendo las dimensiones promedio de ambos accidentes geográficos las siguientes: ancho, 70 y 35 mt.; largo, 320 y 120 mt.; y altura, 7 y 5 mt., respectivamente. El Centro Administrativo se desarrolló en su casi totalidad sobre el promontorio mayor, existiendo sobre el menor, a juzgar por los restos, unas pocas construcciones de forma rectangular ubicadas en la última de las tres terrazas que estructuraban dicho montículo. El conjunto arquitectónico ubicado sobre el montículo mayor está constituido por seis sectores, de los cuales los cuatro centrales tienen restos de numerosas construcciones mientras que los dos extremos parecen haber sido simplemente recintos cercados. Los sectores están perfectamente definidos, rodeados por un cerco y separados por amplios pasajes que cruzan el montículo de un lado a otro, en forma transversal.
El conjunto se desarrolla fundamentalmente en la cima del promontorio, cuyo espacio está prácticamente al centro de este y desde allí desciende suavemente hacia sus extremos. Las construcciones de los sectores se sitúan en su mayor parte en la zona alta del montículo, pero también se ubican a ambos lados de la misma, en niveles inferiores a ella. De esta manera, gracias al aprovechamiento de las pendientes naturales, el conjunto tiene una volumetría que se escalona tanto longitudinal como transversalmente. En términos generales, se puede apreciar que el montículo tuvo por lo menos tres terrazas, dos de las cuales contorneaban el conjunto y la más alta constituía su plataforma superior.
Existen vestigios constructivos que permiten suponer que el conjunto estuvo rodeado por un cerco o muralla, que bordeaba la parte inferior del montículo para garantizar su seguridad y el control del acceso a sus instalaciones. En tal caso, el ingreso principal del conjunto debe haber estado en el extremo este del montículo, pues hacia ese lado se hallaba el encuentro de los caminos que procedían de los valles del Rímac y el Chillón y, además, en esa porción del promontorio existe una zona apropiada para tal finalidad. En efecto, en el extremo oeste los cercos del sector pertinente avanzan hasta el borde de la plataforma y en los lados norte y sur las construcciones de los otros sectores sólo dejan libres angostas terrazas, propicias para circular alrededor del conjunto pero no para brindarle un apropiado ingreso. En cambio, en el citado extremo oriental existe una zona libre, de cerca de media hectárea de extensión y de suave pendiente, sumamente conveniente para proporcionar un fácil acceso al Centro Administrativo. Respecto a la necesidad de contar con dichas facilidades, hay que tener en consideración que en ciertas oportunidades deben haber sido numerosas las personas que, llevando bultos y animales, concurrían a Tambo lnga a pagar tributo y pleitesía o a asistir a ceremonias cívicas o religiosas. La descripción de los sectores del conjunto, de oriente a occidente y tomando coma referencia el eje longitudinal del mismo, es la siguiente: el primer sector está constituido por un recinto en cuyo lado oeste, pegado al muro del pasaje que lo separa del sector vecino, existen los restos de, al parecer, dos habitaciones rectangulares. No se aprecian vestigios de otras construcciones dentro del cercado, por lo que suponemos estuvo destinado a corral. Este sector, por su posición dentro del conjunto y por sus características, puede haber estado dedicado a albergar a los viajeros o visitantes del Centro Administrativo; es decir, a servir de Tambo al Centro Administrativo de Tambo Inga.
El Segundo sector es el más importante y grande del conjunto debe de haber cumplido funciones de índole ceremonial. Está formado por un espacio central, sensiblemente rectangular, de 26 mt. de ancho por 70 de largo, que se estructura en plataformas escalonadas. La primera de ellas, posiblemente patio de ingreso del conjunto, tiene acceso por el pasaje que la separa del primer sector y en su lado izquierdo posee un patio alargado dentro del cual existe una pequeña habitación cuadrangular, que puede haber sido la guardianía del establecimiento.
La segunda terraza, de menor ancho que la primera, conduce hacia la plataforma superior y tiene a sus lados sendas habitaciones de forma rectangular. La situada al lado derecho tiene las proporciones de las típicas kallankas Incas, por lo que suponemos que pudo estar destinada al alojamiento de los sacerdotes o guardianes del monumento. La tercera y última de las terrazas, que corona el conjunto a manera de plaza ceremonial, es casi un cuadrado perfecto de 30 mt. de lado y, a no dudarlo, en ella debieron existir las instalaciones necesarias para que gobernantes y sacerdotes pudieran oficiar las ceremonias que el gobierno y culto oficial requerían. Al lado izquierdo de esta plaza cimera se encuentra, a nivel inferior una espaciosa terraza y al lado derecho dos largas kallankas, posiblemente dedicadas a albergar a los destacamentos militares encargados de la seguridad del Centro Administrativo. Por el lado oeste la plaza se comunica mediante una estrecha plataforma con el pasaje que la separa del tercer sector.
El tercer sector es un rectángulo de 32 por 50 metros y está conformado por una serie de habitaciones cuadrangulares, de distintos tamaños, agrupadas alrededor de un patio central cuadrado, de 20 mt. de lado. El patio se comunica directamente con el pasaje que comparte con el Segundo sector, mostrando así su estrecha relación con este. Por su ubicación y características arquitectónicas, el tercer sector debe haber albergado a los gobernantes de Tambo Inga.
El cuarto sector, de forma trapezoidal y dimensiones aproximadas de 50 por 40 metros, debe haber cumplido funciones de servicio. Las habitaciones y corrales existentes, grandes y pequeños, están organizados alrededor de una gran cancha situada sobre el pasaje que la comunica con el quinto sector.
El quinto sector se organiza también alrededor de un patio o cancha central que se comunica con el citado pasaje y muestra en su trazado el diseño típico de las colcas o depósitos a cielo abierto con acceso epimural. El sector fue, pues, el gran deposito o almacén oficial de los tributos recogidos en la región.
Finalmente, el sexto sector es un gran recinto dividido en dos, siendo una de las partes notoriamente más grande que la otra. Se trata al parecer de los corrales donde se guardaban los animales entregados por los tributarios comarcanos.
El diseño de Tambo Inga, si bien es cierto que muestra la clara organización, adecuada funcionalidad y ortogonalidad que son características de la arquitectura Inca, también acusa fuertemente influencia Yunga en el juego volumétrico, concepción espacial y técnica constructiva usados. El partido arquitectónico adoptado recuerda la forma de los Templos Provinciales que existen en Pachacamac: patio de ingreso delantero, terrazas escalonadas en forma de pirámide, sitios ceremoniales en la cima del monumento, elementos de servicio en la parte posterior y costados del conjunto. En buena cuenta, se trata de la habilidosa adaptación a un nuevo uso de una vieja forma constructiva. Transformación arquitectónica y utilización de formas ajenas, procedimientos en los que tan expertos fueron los Incas y que contribuyen a explicar el extraordinario éxito que tuvieron en su corto paso por la historia.
La organización de los espacios y disposición y forma de los volúmenes constructivos de Tambo Inga, muestran también una gran diferencia con la clásica manera Inca de diseñar conjuntos arquitectónicos. La típica forma de las kallankas, esos largos edificios uniespaciales, prácticamente ha desaparecido. Naturalmente, tampoco se usan los techos a dos o cuatro aguas, que han sido reemplazados por las sencillas y económicas techumbres planas, frecuentemente habilitadas como terrazas o azoteas. La eliminación del techo inclinado y de los problemas que representaban la unión lateral y/o el encuentro de varios de ellos, significó la posibilidad de abandonar la forma rectangular como patrón de diseño y de conjugar libremente varios rectangulares, aislados, alrededor de un espacio central y la arquitectura se hizo más rica y más compleja, adquiriendo una gran flexibilidad para adecuarse a las necesidades humanas y a las exigencias topográficas.
La construcción es totalmente costeña, tanto en los materiales cuanto en las técnicas y procedimientos empleados. Los muros son de tapial o adobe en su casi totalidad, existiendo unos pocos elementos construidos con los característicos adobes Inca. Los dinteles y vigas de la techumbre fueron de madera y caña, siendo iguales o parecidos a los usados en Pachacamac y la cobertura debió ser, con seguridad, un emparillado o retícula de caña, encimado por esteras o carrizos y forrado con una gruesa capa de barro.
Naturalmente, los paramentos de los muros estaban estucados con barro y pintados con los clásicos colores de la paleta Yunga.

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